Por la tarde llegaron Anastasia y Aurora, como siempre se dirigieron a la habitación de Loreta a contarle lo que habían hecho durante ese día. A través de esas charlas diarias, que sus hermanas le daban a Loreta, ella podía conocer el mundo, era como una estrecha ventana que sabía aprovechar. Como no podía conocer el mundo a través de sus propios medios, usaba los relatos de sus hermanas y su imaginación, para escribir historias de aventureros y valientes doncellas que se atrevían a conocer el mundo a pesar de sus riesgos. Gracias a esto Loreta podía calmar su pena aquellos días cuando se sentía ahogada dentro de esas mismas cuatro paredes que había visto durante 16 años.
Aurora y Anastasia querían mucho a Loreta, se llevaban muy bien con ella, la compadecían por su mala fortuna, pero aun así no planeaban contraer matrimonio y no era algo de lo que hablaran con ella, tampoco era Loreta quien se los pedía, solo se limitaba a disfrutar sus momentos juntas.
Cuando las hermanas entraron a la habitación de la desdichada joven, la encontraron tendida en el suelo, llorando. Como ellas ya sabían que había pasado no tuvieron la necesidad de preguntar, la levantaron del suelo y la sentaron en la cama, se abrazaron y permanecieron así un buen rato.
-Loreta –dijo Anastasia –te trajimos un libro, es de Shakespeare
-Gracias –respondió con la voz quebrada y aun ahogada en lágrimas.
-No llores… el dolor ya pasará
-No lloro por eso, es solo que… es por todo, quiero conocer el exterior, conocer el amor e incluso conocerme a mi misma… quiero… -llorando aun más –quiero salir de estas cuatro desesperantes paredes.
El silencio se apoderó del cuarto y en ese momento era lo más hermoso que podía haber.
Pasaron los días y Loreta ya no se asomaba por la ventana, si no que miraba a Eduardo pasar desde atrás de la cortina y cada vez que lo veía, él miraba en dirección asea la ventana, pero luego seguía caminando, ya se había convencido de que la hermosa joven no era más que una hermosa aparición o un ángel, ya ni siquiera quería ir a tocar la puerta y preguntar por ella, había pasado dos días sin dormir tratando de explicarse a sí mismo que es lo que había ocurrido, pero al no encontrar respuesta se rindió y al tiempo incluso dejo de mirar asea la ventana. Loreta esperaba cada día con ansias la hora en que el desconocido hombre pasara por la calle frente a su casa. Esto era algo muy extraño para ella, nunca había tenido ese tipo de interés por una persona, nunca.
Mientras Loreta se hundía en sus pensamientos como hacía habitualmente, su madrastra llamó a todas a cenar. Se sentaron a la mesa, las cosas ya se habían calmado y la situación y la situación había dejado de ser tensa, lo cual era un gran alivio para Loreta, pues no poder hablar con una de las únicas cinco personas que conocía representaba un gran peso.
-Hijas mías –dijo Rosa con una gran sonrisa en el rostro –les tengo una noticia, la próxima semana nos iremos por tres días a la casa del campo –la mirada de Loreta de inmediato se entristeció, siempre que Rosa y sus hijas salían de vacaciones, ella quedaba sola –pero esta vez… Loreta también ira con nosotras –la joven se sorprendió al escuchar estas palabras y su madrastra le dedico una cálida mirada.
-¿De verdad? –preguntó, era la primera vez que estaría en el mundo exterior y de inmediato comenzaron a pasar distintas ideas con respecto a cómo sería esta primera aventura.
-Sí, de verdad. No puedo arriesgarme a dejarte sola y que tengas encuentros con ese muchacho.
Ciertamente a Loreta no le importaban las condiciones, solo quería salir de esa casa en la que siempre había vivido.
By: Caroline
O: Leí unas cuantas líneas, pero como casi no tengo tiempo y debo responder comentarios y crear entradas, no lo leo todo, pero el fin de semana que talvez tenga tiempo libre, lo leo todo, vale? <3
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