Tras pasar tanto tiempo en que Eduardo no dormía bien, ni tampoco comía, su ama de llaves decidió hacer algo por él, y lo llevo a su casa de campo, era la casa en la que él se había criado antes de que sus padres lo llevaran a la ciudad.
Marta, como se llamaba el ama de llaves, planeó todo el viaje sin discusión alguna por parte de Eduardo. Estarían durante una semana, de lunes a domingo y volverían el próximo lunes en la mañana.
Una vez el viaje estuvo planeado, emprendieron ese hermoso camino que tantos recuerdos traían a Eduardo.
Pasaron cuatro días sin ninguna novedad, Eduardo anduvo a caballo, la cual era una de sus actividades preferidas, leía, y solía ir a pintar a la orilla del rio, pero el quinto día algo diferente sucedió, temprano en la mañana se sintió el ruido de un carro, tanto Marta como Eduardo asumieron que era la familia de la casa próxima que venían de vacaciones. Pasada la hora de almuerzo el joven salió a andar a caballo, tal como había hecho los días anteriores, pero grande fue su sorpresa cuando a lo lejos, por entre medio de los arboles vio a una muchacha caer al suelo, en cuanto la vio fue a toda velocidad al lugar y mayor aun fue la sorpresa, al ver que la joven era la misma que había visto antes en la ventana.
La tomo en sus brazos y la subió consigo al caballo, cabalgó hasta su casa, subió las escaleras con la joven en brazos, mientras Marta miraba atónita lo que ocurría.
-Sr. Eduardo –dijo la mujer -¿Quién es esa muchacha?
-No lo sé –respondió este mientras la acostaba en la cama –la encontré en el bosque y la traje, tiene la fiebre muy alta, por favor trae una fuente con agua y un trapo.
-De inmediato señor.
Llegó Marta con lo que se le había pedido y pusieron el trapo mojado en la cabeza de la joven. Eduardo salió del cuarto para que Marta pudiera cambiarle la ropa y le pusiera un camisón. Una vez hecho esto ambos se retiraron de la habitación y la dejaron dormir.
By: Caroline
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