domingo, 25 de septiembre de 2011

Con una simple mirada (Parte 6)

Cuando Loreta despertó la habitación estaba vacía, ella comenzó a deambular por la casa; al ver por una ventana se dio cuenta que era de noche y comenzó a preocuparse porque su madrastra se enoje por su demora en llegar a la casa.
En la confusión de habitaciones llegó a una en donde en su interior había una cama y una persona acostada en esta, como no estaba totalmente familiarizada con la casa de su familia pensó que tal vez esa si era su casa y que la persona podría ser una de sus hermanas, por lo que se acercó a mirarle la cara. En el mismo instante en que vio del individuo se dio cuenta que era el muchacho que pasaba siempre por el frente.
De pronto se vio alterada y muy nerviosa, empezó a retroceder y en su nerviosismo tropezó con un zapato y cayó al suelo, causando gran alboroto en la habitación. Como era de esperarse Eduardo se despertó y por la luz de la luna que entraba por la ventana pudo ver a Loreta tendida en el suelo. Ambos quedaron completamente asombrados, sin duda no esperaban verse en aquellas circunstancias.

 -¿Estás bien? –preguntó Eduardo para romper el hielo -¿ya no tienes fiebre? –Loreta se limitó a mirarlo, pero no respondió.
 -¿Cómo te llamas? –insistió Eduardo.
 -Loreta –dijo ella-
 -Loreta… lindo nombre, yo me llamo Eduardo.
 -Mmm… -Loreta se levanto y se sentó en el sillón que ahí había, todo lo hizo siguiendo las instrucciones de Eduardo.
 -Ayer más o menos al medio día la encontré inconsciente y con mucha fiebre –comentó Eduardo.
 -¡Espere! ¿Ayer? –dijo sorprendida -¿Cuánto he dormido?
 -Pues, más o menos 36 horas –Loreta se precipitó y se puso de pie.
 -Lo siento, me tengo que ir, perdón por todas la molestias – Loreta iba saliendo del cuarto cuando Eduardo la detuvo, tomándola por la muñeca.
 -No se puedes ir, es de madrugada, además asumo que no conoce el camino. Descanse y mañana yo la iré a dejar.
 -¡No! No puedo permitir que sea usted quien me vaya a dejar.
 -Bueno, entonces te aproximaré a la que pienso es su casa –Eduardo se mostró muy comprensivo y fue eso mismo lo que tranquilizó a Loreta.
 -Bueno, confiare en usted.
 -¿Sabe? –dijo Eduardo bromeando –no deberías confiar tan rápido en las personas.
 -Entonces… ¿Confío o no confío en usted?
Eduardo se acerco a ella, con la luz de la luna chocando en su cara, se veía más hermosa de lo que recordaba, aun  tenía un montón de dudas en la mente, y era ese la oportunidad irrepetible que estaba esperando.
 -Eso lo decides por ti misma –dijo mirándola fijamente a los ojos. Le gustaba de ella el hecho de que tuviera una mirada pura y firme, pues nunca la apartó.
 -Entonces escojo confiar –dijo con una sonrisa en el rostro, esta iluminó aun más su hermoso rostro.
 -Buena elección –dijo, y al instante la besó.
Loreta no entendía bien que estaba pasando, había leído una o dos veces en libros acerca de algo llamado “besar” y según ella sabía, era una muestra de afecto que usaban las personas que se amaban, pero ella no lo amaba a él, entonces no lograba comprender bien la situación.
Eduardo se separó de ella y se quedó viéndola, la única expresión que Loreta tenía en su rostro era de asombro, nada más, ni siquiera se había sonrojado. Esto le causó mucha gracia a él y estallo en una risa incontrolable, ahora sí que Loreta no entendía que pasaba. En cuanto Eduardo paro de reírse le dijo:
 -Sera mejor que vaya a acostarse.
 -Si mejor –respondió ella –pero hay un problema –Eduardo la miro con cara interrogante –no me acuerdo del camino.
Él volvió a reírse, pero esta vez mas controlado.
 -Vamos –dijo él –yo le indico el camino.
Guió a Loreta hasta la puerta de su habitación y luego retornó a la suya. Todavía no podía asimilar lo que estaba ocurriendo, primero vio a una chica hermosa y cuando pregunto por ella le negaron su existencia, luego de desvelarse día tras día pensando en ella, la encuentra inconsciente  en el lugar menos esperado y ahora incluso ya la había besado; las cosas estaban yendo tan rápido que él no se daba cuenta.
By: Caroline

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