El cielo era claro, ninguna
nube manchaba su color. Podría haber sido un día hermoso para cualquiera, sin
embargo, para él era todo lo contrario. Odiaba los días así, odiaba que ese
inmenso sol se burlara de su vida, que no lo comprendiera, que solo se burlara
y eso lo volvía loco. Prefería mil veces esos días nublados, cuando el cielo
comprendía a su interior, cuando el rostro decaído de las personas le hacía sentirse
identificado; cuando todo era exactamente como debía ser.
No era que fuera una persona
infeliz, tenía un buen departamento donde vivir, un trabajo que le
proporcionaba comodidades y el lujo de permitirse ciertos caprichos; unos
padres que comprendían y aceptaban su condición sexual, amigos que lo querían y
estaban dispuestos a hacer lo que fuera por él. En conclusión lo tenía todo. Claro,
no era que fuera infeliz, eso solo… que, a pesar de todo, su vida estaba vacía.
Y eso significaba mucho.
Se detuvo un momento y se sentó
en una banca, a la sombra, solo para eludir el calor. Mientras miraba a la
gente pasar sintió el peso de alguien más sobre la banca y al voltear se
encontró con el rostro hermosamente sonriente de un muchacho de rostro angelical.
Evidentemente era unos cuantos años menor.
—Hola —pronunció el
desconocido, y esa sola palabra fue suficiente para hacerlo cambiar de opinión con
respecto a ese día.
Fin.
By: Caroline.
esta hermoso, sigues teniendo un estilo de escritura adorable y muy limpio, no hay cosas innecesarias y sabes llevar al lector a la historia.
ResponderEliminar