El cielo era claro, ninguna
nube manchaba su color. Podría haber sido un día hermoso para cualquiera, sin
embargo, para él era todo lo contrario. Odiaba los días así, odiaba que ese
inmenso sol se burlara de su vida, que no lo comprendiera, que solo se burlara
y eso lo volvía loco. Prefería mil veces esos días nublados, cuando el cielo
comprendía a su interior, cuando el rostro decaído de las personas le hacía sentirse
identificado; cuando todo era exactamente como debía ser.